La Pedofilia: Un Trastorno Mental Complejo

La pedofilia es un trastorno mental complejo, con repercusiones sociales catastróficas para las familias, tanto de la víctima como de la persona, y que -de convertirse en pederastia- pudiera tener consecuencias penales para el agresor, explicó el psicólogo clínico Juan Nazario Serrano.

El especialista en conducta humana, quien realizó su tesis doctoral sobre el tema de ofensores sexuales pedofílicos, explicó que la pedofilia es catalogada como una de las parafilias o trastornos sexuales o mentales de tipo sexual. Es una patología, pero no necesariamente el sistema lo considera como tal, sino como un acto criminal y se les hace difícil verlo como enfermedad.

Por la naturaleza de todas las parafilias, estas personas llegan a intervención cuando tienen un caso criminal en corte, porque el tribunal lo envía, o a través de los programas de rehabilitación en las cárceles. Según el psicólogo, estas personas buscan tratamiento a consecuencia de alguna situación legal.

Una de las características es que pueden acudir ante el psicólogo con negación o minimizando el hecho o evento.

Establecen que no ocurrió o que no pasó de esa manera. La terapia incluye trabajar con la negación para llevarlos a una introspección y juicio apropiado, y de allí, conducirlo al tratamiento, indicó. Una sola persona que ha atendido Nazario Serrano, "llegó porque se dio cuenta de unas fantasías sexuales que estaba teniendo y eran con niños, y antes de que ocurriera vino a intervención", expuso.

Según el catedrático de la Universidad Carlos Albizu, no hay un perfil del ofensor sexual, "por eso es tan difícil prevenir". Sin embargo, mencionó que el 90 por ciento o más son varones y aclaró que no hay que ser homosexual para determinar si abusa de niños o niñas. "Clínicamente se especifica, ya que hay pedofílicos que pudieran ser agresores indiscriminados. Hay quienes tienden a ser especificados, que prefieren niñas o hacia niños solamente", detalló.

Inclusive, clínicamente se puede especificar si tiene una relación estable con un adulto y tiene estas fantasías con impulsos o con relación a niños, y hay quienes no tienen contacto con adultos y esta es la forma de reproducir su sexualidad.

¿Cuándo comienza?

Hay pedofilia en la adolescencia, lo que implica que pudiera tener acercamientos sexuales con niños cinco años menores que ellos, pero usualmente es en la adultez que pudiera comenzar a manifestarse de manera más fuerte.

Pero no hay un patrón que se diga que va a ser de esa forma, expuso Nazario.

Al preguntársele al experto si una persona que abusa de menores tuvo la misma experiencia en su niñez, respondió que "no necesariamente". Se demuestra una tendencia a que si se dio una conducta que trajo una consecuencia gratificante, se pueda repetir. En la adolescencia está esa parte hormonal y la identidad sexual, y pudiera haber un 'issue' de no poder canalizar el impulso sexual que pudiera venir.

Tiene que haber unos elementos mayores de falta de control de impulsos, pobre tolerancia a la frustración, maltrato en la niñez, juicio deteriorado (al no poder evaluar las situaciones sociales y ver sus consecuencias), son egocentristas, con muy poca empatía, pensamientos distorcionados, distorciones cognitivas, afectivas y conductuales, mucha impulsividad, con experiencias crónicas de ansiedad y tensión, y pudiera haber una psicopatología comorbidad y otras condiciones psiquiátricas.

Investigaciones han encontrado dificultad en la autoestima y falta de autoconfianza en esas personas. Sobre todo, en las interacciones con pares, con personas que son adultas también.

Sin embargo, fue enfático en que "soy muy cuidadoso, porque la literatura aún no ha sido contundente y existe mucha polémica con relación al historial de abuso. Me da miedo que todos piensen que los niños abusados van a repetir esa conducta, ya que eso no es cierto. Hay efectos multifactoriales que se van uniendo en un individuo que desarrolla la pedofilia".

Otra característica es la deficiencia de intimidad y miedo a la intimidad con pares. Los niños les resultan menos amenazantes. Sufren una excitación sexual desviada y deficiencias interpersonales de relaciones y en el funcionamiento social. Ante esto, se manifiestan acercamientos sexualizados hacia menores.

La pederastia es un acto sexual que pudiera incluir sodomía, actos lascivos y exposición a la pornografía, entre otras, con un menor de edad.

En cuanto al tratamiento, se ha investigado para ver cuán efectivo es y hay mucho debate. "Muchos piensan que el ofensor sexual en algún momento va a reincidir, pero puede haber modificación de conducta", continuó Nazario Serrano.

El tratamiento más efectivo es la psicoterapia del modelo de corte cognitivo conductual, donde se trabaja con distorsiones cognitivas que tiene el victimario, y se busca desarrollar empatía hacia la víctima, asumir responsabilidad por sus actos, y se trabaja con la baja tolerancia, el manejo de las fantasías sexuales, la baja autoestima, entre otros aspectos.

Es una terapia a largo plazo. Se requiere de un tiempo prolongado, como un año o dos años de intervención. Esto puede variar en cada caso, por las características del ofensor y de la misma ofensa. Son elementos importantes de evaluación, según el psicólogo.

En la evaluación se identifican factores de riesgo y usualmente el riesgo se califica como bajo, moderado y alto. El tratamiento se dirige a esas características peculiares. Se puede combinar o reforzar la psicoterapia individual con terapia de grupo, "pero sabemos que es bastante complicado conseguir los servicios para que vayan a terapia de grupo fuera del Departamento de Corrección (cárceles)".

El tratamiento "va a depender de las variables encontradas en la evaluación, mientras que el seguimiento consistente es importante cuando se logra cumplir con metas terapéuticas, como seguimiento cada dos meses, aunque hay variables del plan médico que controlan las citas, pero al menos algún tipo de monitoreo es importante, como por ejemplo, por teléfono. "Lo ideal es que haya un seguimiento", recomendó el experto. Hay autores que sugieren que el tratamiento debe ser a largo plazo y varias veces a la semana, observó.

Muchas de las características son elementos importantes para poder trabajar en psicoterapia con el agresor pedofílico. Si hay deficiencias en las destrezas de interacción o conducta, pobre control de impulsos para detener la fantasía sexual o el pensamiento, para que no llegue a consumarse en un acto, esas son señales que deben tomarse en consideración al momento de realizar intervenciones psicológicas.

La prevención de recaídas dentro de la terapia consiste en identificar las señales de peligrosidad como el estrés emocional, las fantasías sexuales, las relaciones conflictivas, el uso de alcohol y drogas, entre otras, que pudieran poner vulnerable al agresor sexual de recurrencias y es necesario que se trabaje con esos elementos en psicoterapia.

En cuanto a la familia del ofensor, resulta en un nivel de estrés increíble. Se requiere que pueda acceder a servicios terapéuticos para manejar lo que implica esa estigmatización que viene con ese evento, de que allí, en el hogar o la familia, hay una persona que ha abusado.

Está documentado, indicó, que en la familia se pudieran disparar otras cosas, como trastornos de ansiedad y depresión debido al trauma tan fuerte. Es importante que puedan acceder el servicio y saber porqué se da esa conducta, exhortó.

Fuente: Jackeline Del Toro Cordero / Periódico EL VOCERO

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